Perder a mis padres en un periodo de 10 meses, es una de las experiencias más impactantes de mi vida.
Ya sé que soy adulto y que tengo mi vida pero la ausencia de ellos me ha dejado un vacío que no esperaba sentir con tanta intensidad.Cada día me levanto y me digo: “¡la ostia, soy huérfano!”, es una sensación de vacío que recorre todo mi cuerpo. Ya no tengo el comodín de la llamada, me siento como un funambulista que está atravesando por un cable (ese cable es el camino de la vida) pero ahora ya no tengo esa red, esa red que me sostenía cuando me caía.
Gracias a la Terapia Gestalt, aprendo que el duelo no es algo que se “supere o que se olvide” sino que es un proceso vivo, lleno de altibajos, que pide ser sentido y vivido en su totalidad.
La Gestalt me ayuda a estar en contacto permanente ayudándome a poner nombre a lo que siento, dándome permiso para llorar y recordar, reconocer lo que sigue vivo en mí de mis padres y aceptar que la vida sigue sin ellos físicamente a mi lado pero con sus enseñanzas dentro de mí.
Os echo de menos Elvira y Juan.


