La muerte de mi madre ha sido un golpe muy duro, no hay día que no me acuerde de ella. La Gestalt me permitió darme cuenta de que mi relación con mi madre no era la adecuada, ya que, seguía relacionándome con ella desde mi lugar de niño y no de adulto.
La terapia Gestalt me ayudó a relacionarme con mi madre de adulto a adulto y tener una relación más sana.
La terapia Gestalt me ayudó a darme cuenta de quien era mi madre, de donde venía, que infancia tuvo… en definitiva, ver a mi madre como una mujer que hizo lo que pudo y como supo.
Estoy en paz, estoy tranquilo, porque tuve la suerte de relacionarme con mi madre de otra manera cuando ella estaba viva, tuve la suerte de acompañarla hasta su último suspiro desde el amor y el cariño de un hijo hacia su madre, dándole las gracias y deseándole un buen viaje allá donde vaya.
Si no hubiera hecho la Gestalt mi despedida, mi relación con mi madre, seguramente no hubiera sido tan sana para los dos.
Te quiero Mariel.


